viernes, 19 de junio de 2009

En el interior...


Una tarde apareció con una caja de zapatos entre sus manos y le dijo:

Aquí guardo lo más importante de mi vida
. ¿Quieres verlo?

Inmediatamente dijo . Sin mover la cabeza. Sólo usando sus ojos.
Un sí muy grande.

Vale. Pero antes debes prometerme que no dirás nada a nadie nunca jamás. ¿Lo prometes?

Volvió a decir que sí.
Un sí más grande todavía. Y aquellos segundos le parecieron eternos. Como estirados con goma. Se moría por conocer su mayor secreto...

Se acercó temblando. Y sólo cuando estaba frente a ella a
brió la tapa.

Uno
Dos
Tres segundos

Y una lágrima cayó sobre el espejo que había en el interior...

viernes, 12 de junio de 2009

Sin rumbo...


Boooooooooooooooooooooooooom

En un segundo su ilusión explota en pedazos. Pedacitos esparcidos por todas partes. Y su corazón se encoge. Para protegerse.

Escucha su reflejo: está herida, necesita pegamento. Sin saber por qué mira al cielo. Un avioncito de papel vuela ligero. Parece una nube. Justo lo que ella quisiera ser. Y sin pensarlo demasiado se sube en él. Se van volando. Sin rumbo. Desaparecen.

Ahora su pequeño corazón le late en bajito que está siendo cobarde. Siente el deseo de tirarlo desde el cielo...

domingo, 7 de junio de 2009

Árbol-poesía...


Plantar unos versos
en el jardín
y esperar
hasta que nazca
un árbol-poesía
con las hojas
llenas de poemas
amarillos y verdes
y naranjas
y rojos
y blancos
y negros
y violetas
y caducos
y perennes

miércoles, 3 de junio de 2009

Sorprendiéndome...


Me sorprendo cuando mis manos se disocian de mi cabeza
y escriben que un pez con forma de abanico que vive en un vaso de desierto quiere volar hasta el océano y lo consigue… Y al leerlo me sorprendo otra vez porque veo el invisible hilo que une mis manos a mi corazón…

lunes, 1 de junio de 2009

Mensaje marino...

Una de las cosas más agradables de vivir en Peumayen es que el mar me trae mensajes en cualquier momento del día o de la noche... Hace apenas un rato he encontrado una botella nueva en la orilla que contenía esta bonita historia:

Después de que una violenta tempestad arrojara millares de estrellas de mar sobre la playa, una señora mayor se puso a recogerlas y a devolverlas al mar una por una. Un paseante, extrañado, se detuvo junto a ella y de dijo: "Pero a fin de cuentas, ¿de qué sirve lo que está haciendo? Hay miles y miles. Y morirán todas. Pocas más, pocas menos, la cosa no cambia". La anciana movió la cabeza y siguió pacientemente su trabajo. "Bueno, por lo que veo, usted sigue... ¿Qué puede cambiar con su esfuerzo?". La anciana continúo imperturb
able, mientras el hombre seguía haciendo comentarios desengañados. De pronto, la mujer tomó una estrella de mar, la lanzó con particular cariño al mar y mirando al hombre con un resplandor de felicidad en el fondo de sus ojos, dijo: "Para ésta todo ha cambiado"